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todas las variaciones son válidas, incluida esta



El pasado domingo 29 de octubre nos dirigimos al Retiro a ver las dos exposiciones obligatorias de esa semana. Como yo ya había visto y escrito sobre la instalación de Doris Salcedo con anterioridad, hoy sólo voy a hablar de la exposición que se encuentra en el Palacio de Velázquez, es decir, la de la artista vasca Esther Ferrer.


Poema de los números primos, 2017.

El lugar donde está expuesta esta gran compilación de sus obras consiste en una gran estancia muy luminosa con otras más pequeñas a los lados. En el medio de la estancia principal hay un gran tapiz de números primos (es un tema de gran interés para la artista, y ha utilizado el tapiz para crear patrones con algo tan aleatorio como los números primos), y en los lados de la estancia están los espacios, materiales e instrucciones necesarias para llevar a cabo las performances de la artista tú mismo. Se trata de acercar el arte al público, y hacer que el espectador se pueda introducir fácilmente en la obra. Al experimentarla tú mismo, la entiendes a otro nivel. Al lado del tapiz hay una de las obras más interesantes, un grupo de sobres puestos muy juntos en el suelo, a medio abrir. Según se pusieron ahí estaban abiertos del todo, pero con el tiempo se van y se irán cerrando.

En las paredes del fondo hay auriculares para escuchar las instrucciones de la propia artista (que también están transcritas sobre la pared) para llevar a cabo alguna de sus performances sonoras, como el Concierto ZAJ para 60 voces. Además, por toda la sala suena por unos altavoces constantemente su obra Al ritmo del tiempo. Esto, combinado con el suave rumor de las voces del público y alguna performance siendo activada, crea un ambiente muy acogedor.


Autorretrato en el espacio (de la nada a la nada), 1987.


Las salas de la derecha están dedicadas a la fotografía, y es en ellas donde se encuentran algunas de mis obras favoritas de la exposición. Autorretrato en el tiempo, 1981-2014 es una serie de 49 fotografías en las que la artista combina su rostro en un año con su mismo rostro pero en otro año, con el fin de mostrar el paso del tiempo. Cerca está su serie Autorretrato en el espacio (de la nada a la nada), 1987, en el que muestra gráficamente cómo tanto el pasado como el futuro están sumidos en neblina, cómo tan sólo el presente se nos muestra nítido y real. 






Piano Satie.
En las otras salas laterales están sus Telas ZAJ, 1983, una serie de serigrafías algo humorísticas. Cerca se encuentra su obra Juguetes educativos. Es la obra que se encuentra a su otro lado, sin embargo, la que más me ha gustado. Se trata del Piano Satie, un gran piano blanco cubierto de palabras. Una de las personas que estaba trabajando en la exposición nos dijo que podíamos tocarlo, así que lo hice, y tiene un sonido precioso, además de su impactante estética.


Toda la exposición gira alrededor del tiempo, el espacio y nuestra interacción con ellos, temas que me parecen dignos de investigación. Recomiendo muchísimo esta exposición, que seguirá en el Palacio de Velázquez hasta el 25 de febrero.

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